miércoles, 29 de abril de 2020

Amar de lejos.

Amar de lejos a veces es lo más sano que podemos hacer por quienes queremos, a veces, hasta por nosotros mismos. Y a mi me tocó quererte, viendo querer a alguien con una intensidad con la que podrías haberme querido, si las cosas hubiesen funcionado.
Tu recuerdo me oprime el pecho y a cada tanto reprimo la nostalgia que me causa mirarme.
Sí, así es, mi mayor recuerdo de vos soy yo.
Recorrer mi cuerpo casi tuyo. Mis lunares, tus preferidos. O al menos en ese antaño en el que me nombrabas con la ternura de un amor deseado. Pero con el desenlace de una muerte construida de antemano.
De perderte me encargué yo, del dolor de un final arraigado, de pasar a ser obsoletos cuando lo éramos todo.
Volver fue mi peor crimen, sentir de nuevo tu esencia, la calidez de tu ser. Volver a vos después de haberte arruinado el mundo. Mi error.
Si entendieras mi amor, la maldición con la que cargo, arraigada a mis hombros, anunciar muertes, ser amada para destruir almas. Si pudiera decirte, mi amor, si pudieras entender, que todo lo que toco se marchita, que todo lo que amo sólo puede odiarme.
Que todo lo que toco se vuelve frío, muere, se congela. Porque lo frío también quema.
Y no puedo, por más que te quiero y deseo con todo mi ser tenerte, no puedo acercarme. Porque duele, y sólo me reconforta verte cálido, con un amor que puede sostenerte.

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