jueves, 20 de septiembre de 2018

La última pandorga.

Ella trataba de mantener la cabeza lineal para poder encajar en la sociedad, detestaba la irresponsabilidad y la impuntualidad. Se dedicaba al estudio lo cual la llevó a renunciar a las cosas que la podían alegrar cuando estaba mal. Excepto un pasatiempo, hacer volar pandorgas en su tiempo libre. Pero claramente ese tiempo libre fue disminuyendo y se acostumbró a volar las pandorgas cada fin de semana, luego uno o dos domingos al mes.
Le gustaba hacerlo sola, sin nadie que pudiera molestar o interruptir ese momento tan especial. Le gustaban las pandorgas rojas, verlas llegar a lo alto del cielo pero sin perder el contacto con la tierra y la realidad a la que estaban aferradas.
Se identificaba con ellas, llegaban alto pero tenían en cuenta las caídas cada vez que el viento se iba. Que bien se sentía al ver lo alto que llegaban y soñando despierta, creyendo por unos minutos que podía tocar el cielo, que podía dejar la vida a la que estaba condenada. Los horarios de oficina, una vida estable junto a personas lineales.
Luego la vida real le hizo comprender que ya no había más tiempo que perder y decidió volar la última pandorga. El viento sopló y entre lágrimas entendió que así debía ser, aquel hilo que la conectaba con el cielo se deslizó entre sus dedos llevando las esperanzas muertas que albergaba en su corazón. Ella lo había entendido. "Ya no había tiempo que perder". No volvió a volar pandorgas, decidió volar ella mísma por el mundo, decidió volar ella sola.
Y se dejó ser. Sin perder su vida en una oficina


viernes, 14 de septiembre de 2018

Tu turno.

Que me puedo vengar de la peor manera por tu falta de reciprocidad, haciendote el antagónico en cada escrito. Remarcando cada uno de tus defectos y faltas.
Que puedo escribirte a las tres de la madrugada, que puedo contarte en cada historia de terror como el monstruo que se apoderó de mi corazón y alma. Aunque ya no signifiques nada, como yo para vos cuando mi corazón sentía cada suspiro y cada palabra.
Y no me importaría ser la razón de tus insomnios, no me importaría que tus demonios tengan mi nombre y marcarte los pensamientos como vos desgarraste mis sentimientos.
Porque es tu turno.
Tu turno de pensarme cada madrugada, de preguntarte si aún pienso en vos y de qué manera, de levantarte con ojeras por tanto recordarme. Que imagines una vida alterna conmigo en un mundo paralelo.
Te bajé de aquel pedestal que pertenecía a alguien más, pero lo manchaste, y me marché.
Ahora sólo te queda hacer una cosa, esta madrugada te toca preguntarte a vos, en dónde estoy yo.

Tu adiós.

Te quise como no voy a querer a nadie jamás. No pienses que alguna vez te mentí al decirtelo, no pienses que sos fácil de reemplazar. Pero como te dije una vez, te quise mal.
Eventualmente ya sabes que estoy queriendo a alguien más, y que te tengo presente en cada momento aunque te estés desvaneciendo. Sé que no lo voy a querer de la mísma manera porque quiero hacer las cosas bien esta vez. Bien, para mí.
Porque a vos te quise sin fronteras, sin límites personales, te puse siempre por delante. Te quise más que a mi mísma y ese fue el problema. Fui descendiendo para que podamos hacernos secantes pero ni aún así.
Es tan difícil aceptar que a veces podemos querer a una persona incluso más que a nosotros mísmos, pero es grato saber que podemos ser fieles a un amor aunque no sea el nuestro. Es difícil aceptar que una persona pueda llevarse lo bueno que fuimos capaces de dar, y que cuando llegue el final no tengamos nada que ofrecer a quien desde siempre nos supo querer.
Ya no sé qué fue lo que nos pasó, lo que permití que pasara entre vos y yo, ya no quiero saber las razones por las cuales nos dimos el lujo de pasarla mal todo el tiempo.
Hoy te dejo ir, escribiendote el último texto. Hoy termina tu tiempo y ni aunque seas inspiración o sufrimiento prometo jamás volver a regalarte mis versos. Que desde hoy mis inspiraciones se basan en otra persona.
Porque te amé tanto que dejé de sentir, te amé tanto que no pudíste abarcar mi sentir. Lo hice bien y lo hicíste mal.
Porque me marcaste de la peor manera. Y fuiste vos la razón. Conocíste el amor que fui capaz de dar e insertaste temor en mi corazón. Decidí terminar con todo porque acabaría incluso con mi amor propio, desperdiciandolo todo en vos.
Tuvímos el final perfecto, el final perfecto que me merecía, después de todo.
"Después de todo lo que cambia no es tu vida, sino la forma en la que la miras ahora".
En esa despedida dejé todo el amor que alguna vez llegué a sentir por vos. En este texto dejo plasmado todo el dolor que me persiguió incluso después de librarme de tu falso amor. Y que tengas presente que no vas a ganar esta vez. Porque en el amor las reglas son diferentes.

Embolia.

Sufrimos nuestra relación como una embolia que obstruía nuestro amor propio, sumergidos en un océano de palabras que iban mucho más allá del...