lunes, 30 de abril de 2018

Viaje en bus.

Esta vez me encontraba en el bus con la cabeza pegada al cristal de la ventanilla, me fijaba en la velocidad con la que pasaba cada cuadra y relacioné aquel viaje en bus con la vida. Con mi vida.
Con el pasar del tiempo, pasas por lugares hermosos tanto como por lugares que hubieses querido omitir pero no hay desvíos en la vida. Suben y bajan las personas, algunas que te transmiten alegría con sus sonrisas, otras con miradas desagradables porque quizás tuvieron un día malo ó pesado. Y no sabes a dónde van, bajan a pocas cuadras, otras terminan el viaje con vos.
Recuerdo cuando te subíste a mi bus (cuando llegaste a mi vida) no pude apartar mi vista de vos, como si fueras una maravilla.
Y ya no me importaba quienes subían o bajaban, sólo me importabas vos. Pero mi bus sólo te conducía a mitad de tu camino.
Con la velocidad a la que ibamos no pude creer que llegó el momento de despedirnos.
Aún tu recuerdo me rodea e intento pensar que no fuíste algo fugaz, que vas a volver a subirte a mi bus y esta vez ya no vas a bajar.

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