domingo, 10 de junio de 2018

Nada.

Cuando decidí dejar mi mundo a oscuras por creer que sólo tu brillo podría ser suficiente para iluminar mi camino.
Cuando te fuíste y quedé en penumbras para más tarde habitar en la completa oscuridad.
Cuando mis ojos no podían ver pero mi mente te podía recordar y así mágicamente aparecías en el mísmo lugar.
Cuando los recuerdos de cada uno de tus sentidos aún estaban frescos.
Cuando te llevaste una parte de mi ser. Cuando me dejaste, yo también me dejé. Me quedé con lo que desconocía, con lo que nunca me dí la traza de experimentar. Me quedé con algo nuevo que pulir, que amoldar a mi sentir.
Te confiezo que me dolieron los cambios que pasaron. Cuando me regalabas sonrisas y ahora no quedan ni cenizas.
Y surgen los escritos desesperados, ya no exísten besos apasionados. Que ya no existímos, desaparecímos.
Sin intentos ni medicamentos que puedan aliviar el dolor, secar la sangre; regenerar las células muertas para unir nuestras partes rotas.
Ya no exíste nada que pueda redimir nuestras almas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Embolia.

Sufrimos nuestra relación como una embolia que obstruía nuestro amor propio, sumergidos en un océano de palabras que iban mucho más allá del...