viernes, 12 de junio de 2020

Noche de Mayo.

Me envías un texto, pidiendo disculpas porque lo volviste a hacer.
Perdón - me escribís - perdoname, por favor.
No me decís con exactitud lo que hiciste, pero las situaciones que pasamos me lo venían advirtiendo.
Otra vez te metiste esa mierda por la nariz, y me pedís disculpas porque prometiste no volver a hacerlo. Te pones mal, otra vez, recaíste.
No te culpo, sé que tratas de ser fuerte todo el tiempo y a veces ya no podes. Querés escapar de la puta realidad que te tocó la puerta, inhalas un poquito más. Ya no estás.
Mientras vos te cagas la vida me rompes el corazón, y no puedo enojarme. Me frustro porque no puedo sanarte, me enfermo junto a vos en cada esnifada.
¿En dónde estás? - escribí- respondeme, por favor. Hace una hora no sé nada de vos.
Me carcome por dentro la ansiedad que me causa no recibir ningún mensaje tuyo.
Hace dos meses que no nos veíamos a causa de la cuarentena, y empeorabas. Ya no podías hacer nada más que comerte la cabeza y bancarte la abstinencia. No pudiste mantenerte erguido, mi amor.
Dos horas, no contestas mis llamadas ni mensajes. Carajo, qué hiciste.
No lo soporto más y marco a un Uber, en 10 minutos llegamos. Oscureció y ninguna luz de tu departamento se prendió.
Por qué lo hiciste, mi amor.
Te miro las pestañas, la curva perfecta de tu nariz, tus labios morados, te siento frío.
Te fuiste de mi esa noche de mayo, con el celular en la mano pidiéndome perdón porque ya nunca me ibas a acompañar.

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