Quisiera tener el valor suficiente para vivir como si estuviese encerrada en un reloj de arena, y que cada segundo sumase un grano más que me roba el espacio, y de a poco me deja sin oxígeno. Quisiera poder vivir con los pantalones puestos y decirte cada día cómo me siento.
El valor me da miedo, es cierto, lo acepto, pero me gustaría que la realidad fuese otra.
Mientras yo aprendo a vivir con los miedos en la mochila, vos vivís con la credulidad de que estamos bien, sólo porque vos lograste estarlo.
Me atás a una realidad ficticia que creaste para protegerte de una vida de culpa. Porque es más fácil creer que sí, cuando no.
Y me aferro a lo mismo, porque creo que no me queda de otra. Porque creo, amarga y estúpidamente, que prolongar mis sentimientos hasta que se hayan esfumado es una mejor opción. Posponerme, una y otra vez.
No sé hasta cuándo pueda soportar cargar con verdades a medias y despedidas jamás realizadas, ya no quiero ni espero siquiera poder hacerlo.
Por eso es que deseo el valor de vivir como si tuviese los minutos contados, sin cuestionarme a cada tanto a dónde va a llevarme este mal sentimiento.
Desearlo con todas mis fuerzas, a veces no es suficiente, porque llevo en el cuerpo la cicatriz de un abandono que no sana jamás. Que me recuerda a cada tanto que me querías fuera de vos.
viernes, 15 de mayo de 2020
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