Vivo caminando en la linea recta que separa a los dos mundos que nos conservan, esperando, con la credulidad de un amor a medias, tu regreso.
No podes hacerlo.
Visto de negro y miro al cielo, con un sinfín de preguntas que jamás van a tener respuesta.
Te sueño, de vuelta, con el calor de tu cuerpo acercándose al mío, envolviendome en la locura que conceden las ausencias.
En especial la tuya.
Te pido de regreso, e ideo el plan perfecto de que todo haya sido una mala pesadilla, o una mala poesía.
Nos dejamos a medias.
Lo pienso, a menudo, y a veces entiendo que irte no estaba en tus planes, que quedarte era lo que querías.
No hay perdón ni palabras mágicas que te traigan de vuelta.
Y me abruma lo jamás dicho, y lo jamás escuchado.
Que no puedo derrumbar las estructuras de la vida para traerte de la muerte.
Sólo me queda sobrevivir a días grises como éste que me recuerda a cada rato que vos, hoy, ya no estás.