No me quedan fuerzas para salvaguardarme, yendo en picada sé que la vida no es un dejavú, que todos los lugares son el mismo si uno no cambia.
En esta travesía entendí, entre tantas cosas, que la tristeza no es mala, que en ocasiones es nuestra única casa cuando la esperanza nos falla. Entendí que existen decepciones, injusticias, mentiras.
Que cuesta adaptarse a la reciprocidad y creer que es real cuando no sabemos que más allá de lo que recibimos está lo que merecemos, que la vida puede tornarse divina.
Y fui sin querer ser, fui todo y fui nada.
Que en mi presencia parece posible la magia, queriendo lo imposible siempre, como que nunca te vayas, como que nunca te canses, que nunca me faltes. Sin volver a nuestro destino tu espalda.
Destino de constancia, de terrible audacia. Aparecer y dejar marcas. Ser, queriendo hacerlo. Queriendo ser nada y terminar siendo todo.
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